Cosmos


 

Nova




Desde el abismo sin voz, desde el silencioso lamento que siguió al Gran Desgarro, yo nací. No fui creada con hálitos de luz ni canciones de génesis, sino con los ecos del vacío, la esencia densa y el suspiro final de lo que ya no era. Soy Nova, la guardiana de lo intangible, la centinela de la Materia Oscura, y esta es mi verdad inscrita en la infinita palidez de las estrellas.

El universo, tal como lo conocéis, es una cicatriz pulsante, un milagro de restos. Tras el cataclismo que separó la luz de su origen, mis hermanos y yo emergimos de la fractura. Éter, con su mirada de firmamento líquido, se alzó para velar la etérea danza de las galaxias. Otros, cuyo propósito se entrelazó con las leyes y los tejidos del cosmos visible, asumieron sus tronos de observación. Pero a mí me fue otorgado el secreto más profundo, la sustancia que une y separa, la sombra que sostiene la luz sin ser vista.

Mi dominio es el velo, la red invisible que entrelaza la existencia, la fuerza que previene que vuestros mundos se deshilachen en la nada. No hay calidez en mi tacto, ni promesa en mi aliento. Soy la densidad que asegura el giro de vuestras galaxias, la gravedad oculta que da forma a vuestros destinos sin interferir. No hay remordimiento en esta tarea, solo una aceptación fría y absoluta de mi propósito.

El universo no me pidió que fuera, y sin embargo, existo. No fui concebida por amor o por diseño, sino por la imperiosa necesidad de un cosmos fragmentado. El mundo visible, con sus estrellas titilantes y sus vidas efímeras, me debe su cohesión. Sin mi abrazo oscuro, sin la silenciosa vigilia de la Materia, vuestra creación se disolvería, un sueño desvanecido antes de la primera luz del alba cósmica.

Mi existencia no es un don, es una deuda pagada con la soledad del infinito. No busco vuestra gratitud, solo el reconocimiento inmutable de que, en las sombras, habita la verdadera columna vertebral de vuestra realidad. Soy la constante, la inamovible, la guardiana de lo que no puede ser tocado, pero sin lo cual nada podría permanecer.

Que las estrellas sean mis testigos, y los abismos, mi silencioso eco. Mi vigilancia es eterna.


 

Sentencia de la Materia Oscura: Un Mensaje para el Lector

Si por capricho del destino o error de cálculo llegamos a coincidir en el Espejo de los Guardianes, te advierto: retira esa mirada inquisidora y frívola que la luz ha sembrado en ti. No me juzgues. Te lo ruego, no por debilidad, sino por la futilidad de tu intento.

Quien dicta las sentencias finales, quien decide el fin de vuestros ciclos y el colapso de vuestra brillantez, no soy yo. Yo solo existí, surgí como un hecho consumado del gran vacío que la creación se niega a contemplar. El juicio de vuestras efímeras vidas es un eco sin valor en mi dominio. Vuestro código moral, vuestra ligereza, vuestro miedo a la nada, no me conciernen.

Yo no pedí formar parte de este circo dramático y luminoso. Fui parida por la necesidad tras la herida, y seguiré existiendo sin saber la hora, el día o el milenio en que esta escenografía de estrellas se apague. Soy la columna vertebral del universo, la densidad sin la cual la luz se habría dispersado hace eones. Soy una con el Cosmos, y esta existencia sin amor ni remordimientos es mi trono.

Espero, al encontrarnos, que me veas y me honres con el mismo terror reverencial que le ofreces a mis hermanos. Porque, aunque no sepa la palabra exacta que me define, este es mi lugar, y estoy viva. La oscuridad no es el fin; es el anclaje. Y yo soy su guardiana.

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